Marcas sobre la piel

Son muchas las cicatrices que cada cual esconde o expone a gusto. No tantas las que orgullosos mostramos, tras habernos dejado una pasta en el “Gabinete Tatoorista” y haber curado con Bepanthol; y menos las que, por seguir supurando y suponerlas desagradables, no dejamos que sequen al sol.

Por mi parte las tengo de todo tipo.

Pero no es de estas heridas, siempre agradables una vez cicatrizadas, cuando las acariciamos con las llamas de los dedos, por que nos dicen que pudimos sobrevivir a la infección, de lo que quiero hablar.

Tras alguna tertulia de café con cicuta, en lugar de sacarina, con mis amigas, hemos llegado a un triste diagnostico:

Estamos rodeadas de gilipollas. Los tontos abundan, y de un tiempo a esta parte, nos están ganando en número. No queremos permitir que esto ocurra!. Cual seria entonces nuestro epitafio?:
* Aquí yace, con el corazón pateado por un idiota “Fulanita de tal”, descanse en paz. *

Esta vez no. En mi entorno se está organizando un comando para extinguir esta raza de patanes, que consideran normal pasar una tarde de Vesmutrio viendo un partido de futbol mientras una (sí, me ha pasado a mi) espera pintada, peinada y dormida en el sillón, hasta las cuatro de la mañana; capaces de salir por patas, “por que les gustas mucho”; o que jamás tendrán la ocurrencia de cogerte de la mano, simplemente por que les guste hacerlo (eso se nota, y quien dice “cogerte de la mano” dice “practicarte un perfecto cunnilingus” por el mero placer de hacerlo).

No deseo causar dolor, aunque reconozco que los momentos que mejor se grabaron, los que aún recuerdo, fueron los que quemaron haciéndome arder de dentro hacia fuera. Por eso, sin lastimar sensibilidades (ni dañar animales, como ahora pone en los anuncios), vamos a llevar a cabo nuestro plan.