El cuarto oscuro

Gracias a uno de los grandes, a mi amigo (Rober; date por aludido, porque eres tú), pasé medio puente haciendo limpieza en el cuarto oscuro.

Soy desordenada. Pocos que me conozcan lo pondrán en duda; mientras los que me conocen bien, estarán ya asintiendo a grandes cabezazos. Pero lo que hasta ahora no sabía nadie, es que dentro de mi mundo hay una habitación aparte donde van a parar los despojos; los trapos sucios; las canas al aire que no se llevó el viento; el polvo viejo de los años pasados que ya no cabe bajo la alfombra del salón; los recuerdos añejos, que frescos, fueron agrios; las cartas y fotos descoloridas que significaron algo… Todo el pasado mohoso esta apilado, sin orden, sobre estanterías torcidas.

Jamás había pasado el plumero en esta estancia. Solo abría la puerta, corría hacia el fondo visible y soltaba el lastre antes de volver a cerrar con un portazo a mi espalda.

Mi amigo me llamó el sábado por la tarde y me propuso un plan que, tiempo atrás, hubiera rechazado:

-Niña, haz una maleta que en media hora estoy en tu casa!
-Mmmm?
-No tienes nada que hacer… no? Pues nos vamos!
-¿Cómo que “nos”? ¿Cómo que “vamos”? y ¿Se puede saber a dónde “nos” “vamos”?
-De paseo… Nos vamos de paseo.
-Hombre… haberlo dicho antes!! Eso lo aclara todo. ¿Qué se supone que se mete en una maleta para dar un paseo?
-Jajajajaja, bragas limpias! ¿No te lo enseño tu madre?. Echa ropa de abrigo y ya seguirás haciendo preguntas tontas por el camino.

 (Me esta perdiendo el respeto!) Pero, a donde vamos!?
-Te veo en un rato, un beso. Ah!, coje un gorro de esos tuyos… piiiiiiiiii.
-….. Rober!. No me cuelgues, coño!….

Preparé el equipaje para un destino incierto en quince minutos, descubriendo así que la mejor manera de hacer una maleta es meter de TODO un poco. Rápido y efectivo. Y me acomodé en su coche rumbo al Norte (única pista que me dio).

No tardo en oscurecer, mientras me contaba delicias de la gastronomía de cada pueblecito que cruzábamos; hasta que interrumpió su narración:

-Asómate por la ventanilla y mira el cielo. Últimamente te veía algo triste y pensé hacerte algún regalo para que supieras cuanto te quiero. Además te estas cerrando, y la mejor manera que se me ha ocurrido de que saques eso que te pesa, es la de cambiar tu escenario. Podemos darle una patada en el culo a la cotidianidad, juntos.

Le di las gracias con una sonrisa y abrí el primero de los muchos regalos que después vendrían.

-Desde mi casa no se ven estas estrellas.
-No están. Y no están por que desde tu terraza no quieres verlas… 

Aquel cielo fue una pequeña linterna para mi cuarto oscuro. Posé su luz sobre algunos pensamientos abandonados: Mi sueño de viajar, de ser una extranjera que, mas por falta de dinero que de tiempo, pocas veces he podido hacer realidad. Sentirme libre, sin relojes ni responsabilidades. Mirarlo todo con ojos de niña…

Tres horas después llegamos a Vitoria y besé, reí y bailé con mi siguiente sorpresa. Allí nos esperaban unos amigos suyos. Gente cariñosa como poca he conocido, que me prepararon demasiados “rones” con coca cola, y al son de salsa, bachata y merengues intentaron enseñarme a mover el cucu como dios manda, sin éxito…

Sin muchas preguntas por su parte, y ninguna explicación por la nuestra, dieron por sentado el vínculo que Rober y yo compartíamos y nos instalaron en la misma habitación con dos camas pequeñitas.

https://www.youtube.com/watch?v=OZmw72p3gMc