Cortes de cabello corto

Anjad, bajaba a través de gotas erguidas, trigales ambarinos, estacados a un tinte sobrio, rojizo. Víctima de la represión, cantaba el ascendente del flamenco, integro en las raspaduras fervorosas. Letras con nombre propio, Lucía. Regando el oído de intimidad, enredándose las notas aventureras entre el romero. Fragmentos de probeta derretido y fructífero. Eslabón barajando miradas predestinadas, batiendo el silencio y la turbulencia de las caricias. Implantando la renovación minutera del amor. Barómetro emocional.

Las sombras de la pendiente, adquirieron de pronto, destellos dulcificados, como una rima riendo encendida. Lucía salía al encuentro de su amado, abrazados, como escorpiones inyectándose pasión por intravenosa. Dándole formas con su fervor, a la locura. Técnicas intimas de apaciguamiento internas. Profundidad carnívora entre dos almas que se aman más allá de restricciones, imposiciones, intolerancia y odios.

Años de amor a escondidas, besos furtivos, caricias abreviadas en la clandestinidad, pronombres acurrucados en los labios. Tú, yo, nosotros, rebajados en un silencio que espera poder promulgar. Insomnio lícito, vendados por los escondrijos. Acrobacias de Eros, descifrando jeroglíficos de amantes secretos. Libertad, latiendo y muriendo, en cada segundo, desertando entre los rincones que, dejan los cuerpos en madrigueras. Anjad y Lucía lamían sus huellas en la lejanía y se empachaban en la cercanía.

Cortes de cabello (5)

A los pies del refugio de nuestros amantes, se encontraba una ortiga que, se contaminaba con sus propios celos, podrida por su arrebato, aireó el secreto de los enamorados a un cardo resentido, este a una dalia inestable, que había sufrido los desvanes de un narciso estriado, así hasta llegar una albahaca cotilla que vivía en el huerto de los criados de Casio. La vieja criada, creyendo que tal chisme favorecería sus pretensiones, reposó la noticia en los oídos del cacique. Todavía hoy se escucha el gruñido de su intolerancia, su odio y su sinrazón.

Anjad y Lucía, ajenos a los acontecimientos, apuraban ávidos, los últimos sorbos para la hora de la despedida. Les costaba separarse, sin engendrar quistes en sus pieles, síndrome de abstinencia en pieles anexionadas.

http://cortesdecabelloparamujeres.org/
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