Materiales de construccion

La criatura se aproximaba mansamente a los brazos de su madre, que le mimaba en la distancia, con arrumacos apalabrados, refugio ecuménico. El amor puro, sin etiquetas, rezumaba cada poro, cada migaja se hinchaba, gritaba el amor, las manos, esponjas de emociones, ofrenda de fuente.

En cada zancada hacía aquellos brazos, el corazón zapateaba en la sangre, cada intervalo recolectado era un vuelco incesante, un beso dado, un abrazo sentido, una caricia soñada, una lágrima enjuagada, un dolor dormido, una tristeza derrocada, una soledad acompañada, una ternura adherida, gestos inmensos.

“Te quiero mamá, te echo de menos, la mirada de la comprensión, cada palabra de aliento, ya no me basta con pensar en ti, estoy envejeciendo sin tus abrazos, quiero quedarme para siempre contigo. Abrázame, protégeme, acaríciame, siénteme, cálmame, bésame. Quiero estar contigo, abrázame, abrázame, abrázame mamá. Por favor”. Ariel sollozaba entre los ruegos, tan cerca de su madre que podía sentirla. El batir de las alas suspiraba.

Materiales de construccion (7)

“Ven hijo, mamá también te quiere y te añora mucho. Yo te abrazo, mi alma en la tuya, siempre estoy contigo. Te adoro mi niño.”

Ambos se abrazaron, el amor les sumergió, y todo desapareció menos el amor. Tronó una pompa, las alas se desnutrieron, los abrazos se desvanecieron. Ariel abrazaba el silencio del orfanato entre lloros. “Llévame contigo mamá, llévame.”

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