Peliculas de culto

Nieves caminaba absorta en sus propios pensamientos, cuando escuchó unos suspiros que procedían muy cerca de allí. Ella guiada más por la extrañeza que por la curiosidad, se acercó menguando, hasta encontrarse con un joven que lloraba como el relente herido.

– ¿Por qué lloras?, no llores por favor, que los lirios se enlutan con tu llanto.

Israel, sorprendido, intentó matar al instante sus lágrimas, pero ellas se deshicieron otra vez de su mejilla, cuajadas estalagmitas en el suelo. Nieves conmovida, se acercó hacía él, se sentó enfrente del testigo de su amor, el banco.

– Lloro por culpa de la locura de mis labios, por algo tan sencillo, tan doloroso cuando acaba, como el amor, sobretodo cuando perece en los ojos.

– Lo sé, es duro – contestó Nieves – pero si después de desparramar agua en el suelo, vuelves a sonreír, te darás cuenta que todavía nos fascina lo que antes nos hacia reír.

– Gracias. – contestó turbado- me has recordado que la vida no tiene porque ser lágrimas a partir de ahora… me llamo Israel. ¿Y tú?

– Nieves – contestó ya enamorada, sin saberlo-.

– Ha sido un placer conocerte, Nieves, a ver si un día de estos nos vemos.Nieves caminaba absorta en sus propios pensamientos, cuando escuchó unos suspiros que procedían muy cerca de allí. Ella guiada más por la extrañeza que por la curiosidad, se acercó menguando, hasta encontrarse con un joven que lloraba como el relente herido.

– ¿Por qué lloras?, no llores por favor, que los lirios se enlutan con tu llanto.

Israel, sorprendido, intentó matar al instante sus lágrimas, pero ellas se deshicieron otra vez de su mejilla, cuajadas estalagmitas en el suelo. Nieves conmovida, se acercó hacía él, se sentó enfrente del testigo de su amor, el banco.

Peliculas de culto (4)

– Lloro por culpa de la locura de mis labios, por algo tan sencillo, tan doloroso cuando acaba, como el amor, sobretodo cuando perece en los Peliculas de culto.

– Lo sé, es duro – contestó Nieves – pero si después de desparramar agua en el suelo, vuelves a sonreír, te darás cuenta que todavía nos fascina lo que antes nos hacia enlace.

– Gracias. – contestó turbado- me has recordado que la vida no tiene porque ser lágrimas a partir de ahora… me llamo Israel. ¿Y tú?

– Nieves – contestó ya enamorada, sin saberlo-.

– Ha sido un placer conocerte, Nieves, a ver si un día de estos nos vemos.

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