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(De mi selección de unos cuentos con los que participe en “Valparaíso en 100 palabras”… como no gane, los comparto con vosotros al 1080p latino gratis)

“¿Una mone’ita pa’ un copete, leer más??? Hace frío… pa’ una cañita más que sea…” Parada frente a La Matriz, recordé tiempos de escasez, y encontré una moneda en mi bolsillo. Cuando se la entregué, sus añosos ojos y los surcos de su piel con historias y costras de sal marina, brillaron como cristal, y comprendí que no sólo de pan vive el hombre.

Y sentí que su corazón tenía sabor y color a tinto de garrafa barata, pero que se transformaba en néctar ante sus pies
Miércoles, a las veintidós horas, afuera del Riquett. Sabía que iba a llegar atrasado, así es que llegué más tarde. Hacía frío, pero pude sentir su calor cuando le faltaban pasos y un par de confesiones para estar frente a mi. Hace tiempo que no lo veía, entonces algo sucedió. Tomé su brazo y subimos por Almirante Montt. En Fetiche, un vino. No hubo más palabras que miradas, no hubo más frustraciones que sensaciones… Sabíamos que no había tiempo, sabíamos que nunca tendríamos tiempo. Sabíamos que nuestra historia era atemporal, no acá, sino mucho, mucho más allá. Pero ahora. Siempre.

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Sé que tengo muchos años para hacer esto, pero bueno… algunos lo hacen a los 17, yo esperé hasta los 29.

Debo confesar que no lo hice antes por miedo. Mi niñez la viví en el centro de la ciudad; el tema de las amistades de barrio y salir a andar en bicicleta pasaron a segundo plano y sólo conservé amistades en el colegio, razones por las que asumo nunca aprendí a andar en bici… una vez una amiga de Santiago me enseño, y logré equilibrarme y pedalear unos metros, hasta que apareció un perro que se tiró de bruces a la rueda delantera y terminé en el suelo, con las rodillas peladas y llorando a mares… nunca más me subí a una bici. Tenía 15 Descargar juegos gratis ños

Después fueron los patines. Llegó un boom de patines, todo el mundo andaba en esos scroll de una línea de ruedas y se veía a los jóvenes y niños raudos por las calles, desafiando al viento, haciendo piruetas y qué se yo. Bueno, ya tenía como 17 años y desafié mis miedos y me puse los mentados patines… me paré… y me caí. Quedé mirando el azul cielo en posición del Vitruvian Man de Da Vinci, con los patines bien leer más. Me senté, me los saqué y sería…. Nunca más.

De eso, ya han pasado 12 años. Como en mi casa nunca hubo auto, tampoco creció la necesidad imperiosa de aprender, y como yo me moría de miedo (antes las experiencias anteriores, ustedes comprenderán…) era lo más cómodo porque no tenía presiones.

Pero bueno… hay desafíos en la vida que no se pueden sortear por miedo (ya suficientes cosas de mi vida he tenido que sortear por miedos como para tener uno más), y con mi jilguerito partimos y me matriculé, sin pensarlo mucho… ella me miraba llena de orgullo porque sabía lo que para mi implicaba. Sólo fui y me inscribí, pagué y partí el martes recién pasado con 4 clases teóricas, que terminan hoy

Ayer con mi jilguerito (ella es una as al volante) y unos sours repasamos algunas de las 280 preguntas del examen teórico, y en “teoría”, todo muy bien… tengo los conceptos super claros, pero EN TEORÍA…