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En los días de la semana pasada que anduve ausente, Guiss, La Princesa del Guisante, y Duda , me pasaron amablemente el testigo del test de los cojones. El viernes es buen día para un test de estas características. ¿Por leer aqui? Porque empieza por uve, observa: V-iernes.

Me he fijado (uno es asín de observador) que, en varios de los testados, late una cierta tendencia a quedar bien en menoscabo de la cruel realidad y no me parece mal del todo. Casi siempre una mentira bonita es más estética que la verdad. En asuntos vanos como este, claro. Quiero decir, ¿a alguien le importa realmente si tengo 10 gigas en mi ordenador en lugar de 10 canciones? ¿O si en el momento de escribir estoy escuchando esta o aquella? Bueno eso sí que es gracioso. Y para darle más gracia al tema, he puesto mi carpeta a sonar con todas sus subcarpetas y archivos, en modo aleatorio, y voy a ir escribiendo las sucesivas canciones que suenan mientras escribo esto. En esto es en lo único que, puedes estar seguro, no voy a mentir. En lo demás…

Este test es, básicamente, un engorro, como demuestra el hecho de que todo el mundo se disculpa a la hora de nombrar a sus cinco víctimas. Yo lo haré también, cuando me toque. A mí, particularmente, siempre lo he dicho, me encantan estas cositas. Como lo de recibir e-mails de esos que si se los rebotas a 3 millones de personas tu perro aprende a sentarse cuando se lo dices en inglés: sit, sit! y el perro se sienta. Me lo paso teta, como si dijéramos, con estas cosas, y allá voy con ello:

Tamaño total de los archivos de música en mi ordenador:

Sé que hay una forma de averiguarlo que no sea pulsando el botón derecho de cada canción, abriendo propiedades, viendo lo que ocupa el tema, apuntándolo a boli en un papel y luego sumando la ristra resultante. Sé que hay una forma, pero todavía no la he encontrado. De todas formas, os diré que tengo un par de carpetas con, aproximadamente, bastantes canciones.
Y otra cosa, ¿importa mucho? Quiero decir: en mi juventud (lejana, borrosa y melancólica etapa) nos reíamos de un pollo que decía, literalmente: “mi hermano es un pirao de la música: tiene 80 elepés o más”. Era muy gracioso, porque todos nosotros que vivíamos para la música, teníamos, cada uno, al menos, el triple de discos (había verdaderos enfermos entre mis amigos con miles –miles, sí- de discos) pero el decía que su hermano era “un pirao de la música”.

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