Cursos de instructor de pilates

Por la mañana bajamos tarde a desayunar y cada uno se sentó en un sitio. Yo con mis amigas y él con las de su clase. Algunos cuchicheaban y a mí me sangraban los labios. Tenía el olor a la vaselina de Cursos de instructor de pilates kiwi metida en la nariz. Tenía la mayor sonrisa que recuerdo haber tenido hasta aquel momento.

Cuando subimos a la habitación les cuento a mis amigas (no eran mis amigas de salir, eran mis compañeras de clase, con las que andaba en el instituto) todo con pelos y señales y bajamos para la visita enlace.

En el autobús cada uno se sienta en su sitio y ni nos miramos en todo el viaje. Empiezo a impacientarme porque suponía que después de estar toda la noche con alguien a la mañana siguiente debería hacerte un mínimo caso.

Yo de aquella todavía no concebida los rollos de una noche ni sabía que las personas podían ser tan complicadas. De aquella creía en príncipes azules, en el flechazo para toda la vida y en otro montón de mamonadas que los años se encargaron de destruir.

Se me rompió el corazón cuando una amiga vino a decirme que había oído al “chico que hizo que me gustaran los besos” hablando con un amigo. Que Chichas le había preguntado quién le había hecho aquel chupetón y él había contestado “No me acuerdo, alguna gocha anoche”.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s